2012. Tres “weekends” para comparar: playa, campo y ciudad

Las semanas pasan y llegan los sábados y domingos que, cuando no se tienen hijos, representan tiempo para dormir pero, cuando sí se los tiene y pequeños, representan tiempo para llenar de actividades.

El último fin de semana antes de que comenzara el colegio de Mar fuimos a Buenaventura, a sacarle el jugo al final del verano y las vacaciones. La playa y la piscina, el agua vamos, es siempre un entretenimiento sin fin para los niños. Y una buena manera de agotarlos para los padres.

Ese fin de semana tuvimos visitas en casa que disfrutamos millón, por una lado el sábado vinieron a pasar la tarde los Eskildsen Surgeon, lo que hace feliz como una lombriz a Mar porque goza increíblemente  pasar tiempo con su super-mejor-amiga Sofía. Cuando están juntas se transportan a su propio mundo lleno de juegos y fantasías y es una gozada verlas, quién estuviera de nuevo en esos tiempos de infancia donde la menor cosa se vuelve una divertida aventura… Como recoger las flores de la boda que desmontaban bajo en Corotú… 

El domingo vinieron los tíos y primos Sasso y pudimos compartir tiempo con la otra rama de la familia.

Como hemos decidido hacer obras en el patio de la casa, una pérgola y una pequeña piscina, el siguiente fin de semana decidimos ir al Valle huyendo del caos de tierra y construcción que gobierna la casa de la playa. A Mar sólo de oír “El Valle” se le ilumina la cara. Y no se ha bajado del carro cuando quiere hacer mil cosas pero sobre todo quiere ir a montar caballo. 

Cuando de caballos se trata, ella goza igual si lo monta o si lleva a pasear al primo (y eso que aun no ha descubierto que los puede bañar), lo importante es que estén ahí, bien cerca. 

Este fin de semana que pasó nos quedamos en la ciudad ya que el sábado fue la boda civil de Juan Carlos y Michelle. Aquí salgo luciendo el mismo vestido que use para mi boda civil (que tengo que decir, hasta ahora, me ha traído suerte) y estoy muy satisfecha que 6 años y dos hijos más tarde aun me queda. 

 

El domingo capitalino me recordó… ¡¡por qué es que me gusta tanto salir de ciudad!!

Después de jugar, bañar y poner a dormir a Ana, Darío y Mar bajaron a la piscina y cuando Ana despertó nos fuimos los cuatro a almorzar a Kretan House. De ahí, como Nicole me había contado que había llevado a sus hijos a un parque de atracciones afuera del Metromall, me pareció las niñas lo podrían gozar y hasta allá nos fuimos. Del parque sólo quedaba un descampado y el resto de una montaña rusa que estaban terminando de desarmar… Ya que estábamos en el otro lado de la ciudad, decidimos pasar la tarde en el Metromall donde casi me enloquezco. El bullicio del mall, más el escándalo de la música de cada tienda (que parecían competir entre ellas), sumando el carrusel, la campana de los titiplines del trencito, y la gente hablando a todo pulmón, me dejaron para camisa de fuerza. ¡¡¡Salí de ahí al borde de un ataque de nervios!!!

Decidimos regresar a casa y jugar, pintar y entretener a las niñas en la paz del hogar.

Este fin de semana se me hizo agotador y eterno, próximo fin de semana, sin duda: ¡fuera de la ciudad!

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