Panamá ¿Primer mundo?

 

 

Hoy me explayo en un tema de onda más política pero ¿cómo no? si desde hace varias semanas el problema del corte de agua ha pasado de levantar a expresiones de ¿¡¿QUÉ?!?! a… ¿¡¿OTRA VEZ?!?!?

Y es que, mientras se construyen edificios cada vez más altos (y complicados), zonas residenciales con casas de más de un millón de dólares, puertos para yates y cruceros, islas que en Dubai resultaron ser un fracaso pero que aquí las hacen de todos modos, florecen colegios de mensualidad alrededor de los mil dólares y nos invaden los bancos y los bolsillos de unas monedas comúnmente conocidas como “martinellis” que disque equivalen a un dólar pero que fuera de nuestras fronteras ni las reconocen (traten de ir a una casa de cambio en Madrid o Nueva York a ver si les cambian la monedita por un dólar, ja!) y tenemos un crecimiento económico del 10% del que tanto nos vanagloriamos al que le pisa los talones una tasa inflacionaria mínima del  6% de la que poco se habla, pero significa que de poco nos sirve el crecimiento si nos cuesta tanto más vivir cada año.

Aunque eso requiere ahondar y en estos momentos nuestro Gobierno se promociona con una sonrisota y las fotos de los inmensos proyectos diciendo ¡Miren y vean! Ya no somos Chiquita Banana Republic ¡Somos igualitos que cualquier país del PRIMER MUNDO!

Señores, por favor, más seriedad. ¡Un país no es del primer mundo por la magnitud de sus proyectos privados sino por la calidad de sus servicios públicos!

Podremos engañar a un puñado de turistas y a un par de inversionistas pero no nos quieran meter cuento a los del patio porque nuestros servicios públicos son incongruentes con la imagen cosmopolita que proyectamos.

El problema de la falta de agua, que esta vez tocó a toda la capital, dejó claro que sin agua, el país se paraliza, no hay escuelas, no hay baño, ni cocina, menos restaurantes o inodoros limpios, no prenden las torres de enfriamiento de aire acondicionado de los mega edificios de oficinas full vidrio y efecto pecera (y no suden ¡que no hay agua!). Y esta vez todo el mundo se paró de cabeza pero es la realidad cotidiana de muchas barriadas y más de la mitad del interior del país, ¡ah! Y las facturas llegan igual, chorrito o no, y si no la pagas no eres sujeto de crédito para nada.

La luz, esa sube como la espuma y tener apagones no sorprende a nadie. Las casas o edificios con planta eléctrica propia no son un lujo, son con planes de contingencia de común uso. Y los que no las tienen… ah… pues de malas… ¿a poco no ocurre igualito en Suecia?

El transporte público ¿cuál? Los cuatro diablos rojos que aun quedan (en extinción) que el nombre les va como anillo al dedo porque son un paseo por el infierno. O los cuatro buses nuevos blancos y naranjas de los que tanto se orgullece el Presidente y que son foto obligatoria en cualquier promoción de Gobierno. Pero estos, no llegan a la mitad de los barrios y sobre todo, no son suficientes. Más de la mitad de los trabajadores de la capital que viven en zonas alejadas del centro se levantan a las 4:30am para poder hacer las correspondientes filas para subir a uno y estar en sus puestos a las 8:00. Y nuestros taxis…. Esos que pintamos de amarillo New York pero que todavía te salen con el ¡Para ahí no voy!

La salud ¿será que esa sí es de primer mundo? ¿Es digno de promoción el sistema de la Caja del Seguro Social? Las citas las dan para tres meses, las entradas por urgencias tienen un promedio de espera para atención de 12 horas, siempre están desabastecidos de medicinas, los médicos y las enfermeras se la pasan de huelga y la realidad de recibir el tratamiento que necesitas, cuando lo necesitas y como lo necesitas es muy remota. Empleados y patrones pagamos para un sistema de salud público el cual rogamos al cielo no tener la necesidad de usar.

La educación… Gran parte de los estudiantes de las escuelas públicas ni siquiera llegan a pasar el examen de admisión de la universidad pública. Ya no digamos las privadas ni mucho menos una internacional. La educación es un pilar primordial para construir un país simplemente ¡mejor! En un mundo cada vez más competitivo y donde se van borrando las fronteras, nuestro sistema de educación arcaico pone a nuestros jóvenes en una gran desventaja y, la falta de oportunidades, es una incubadora de delincuencia.

Y la seguridad…. ¿Acaso los policías vestidos de azul-police y con botas de doscientos dólares están pudiendo con en el alza del crimen que vivimos? Lo que sí puedo decir que ponen más boletas que nunca a punta de pistolita radar pero de ahí a decir que las calles sean más seguras hay un abismo.

Bueno, hay tantos otros aspectos que deberíamos reforzar antes de abrir nuestra bocota y decirnos primer mundo… Nuestro sistema legislativo (menudo modelito ¿no? Esa si es la joya de la corona), judicial, la corrupción, el nepotismo, nuestro “juega vivo”…

Seamos realistas, si queremos ponernos categorías, tengamos claro que de la de “país en vías de desarrollo” no pasamos, ni pasaremos hasta que los lineamientos del Gobierno (cualquier Gobierno que tengamos) no establezcan las prioridades donde deben estar, por más que tengamos los edificios más altos de la región y más celulares que personas.

Amo mi Panamá, seamos conscientes de nuestros alcances… y nuestras limitaciones, convirtámoslas en nuestros verdaderos objetivos, pero no nos engañemos…

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3 comentarios a “Panamá ¿Primer mundo?”

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