El momento en que me quebré

Cuando el agotamiento es más que cansancio llega un día que el cuerpo se hace escuchar ¡reventando!

Les comparto esto porque puede que algunos se sientan identificados y les digo: Cuidado cuando “ignoramos” que nos forzamos demasiado porque ¡el cuerpo pasa factura!. Aunque uno crea que lo puede todo, no siempre se puede ser “la chica superpoderosa”

Todos llevamos una vida activa y multifacética (en especial las madres) y decir que se está llegando al límite y que uno va necesitar tres días para descansar en casi un lujo insultante y muestra de debilidad inaceptable; así fue como desde hace meses me fui echado al hombro lo que se me presentara hasta que mi organismo dijo: “¡Hasta aquí!” Y la semana pasada se desmoronó…

Desde finales del año pasado, por una u otra razón, algo del cuerpo físicamente me dolía -he ido más de doctores estos últimos 6 meses que en los pasados 3 años- y además, mi tema de conversación siempre resaltaba lo agotada que estaba. Se fueron acumulando cansancios debido a mis dolores, la intensidad con la que me tomo la maternidad, aumento de trabajo y cierres de fin de año, graduaciones, exámenes, funciones, fiestas. Arrancamos el año con presupuestos, el veranito del Valle, problemas con la nana, diseñadores gráficos que aparecían y desaparecían, reuniones directivas, carnavales (con más problemas con la nana), comienzo de escuelas, cambio de nana y entrenamiento, adaptación tropezada de las niñas, viajes constantes de mi marido, clientes que alteraron su forma de pago y me alteraron mi estilo de trabajo. Etc, etc, etc…

Mi cuerpo llevaba meses dándome señales: problemas con la hernia lumbar, hongos en las uñas, un virus de herpes me salió en la parte baja de la espalda, el nervio ciático se contrajo y me tuvo una semana cojeando, desarreglos hormonales y ¡BUM! lo último: me salió un bulto extraño en el cuello. Me la pasé de doctores en consultas, ultrasonidos, exámenes de sangre y visita al oncólogo con biopsia y todo.  Pensamos que sería hipotiroidismo y hasta feliz me puse. El hipotiroidismo está relacionado al agotamiento crónico y eso significaba que nivelando la tiroides me sentiría mejor. Pero no, esos exámenes salieron regulares y no se imaginan mi desilusión.

El martes de la semana pasada, en medio de una audiencia casi empecé a escurrirme de la silla y el cuerpo dejó de responderme, tuve que ir directo para la cama con dolor en todo el cuerpo e inservible, no me quedó de otra que declararme incapacitada y desconectarme de mundo para recuperarme un poco. Un par de días más tarde me sentía algo mejor del agotamiento por lo que puede que no sea la Miastenia Gravis que creen (de todos modos me recomendaron chequearme eso con un neurólogo ¡Ala, más doctores!) Eso sí, fui a retomar el ritmo y el cuello se contrajo en una torticolis-tortuosa que después de mil analgésicos orales -que me destrozaron el estómago- acabé en una clínica con una intravenosa y llevo, poco a poco en menos dolor, inyectándome cuatro días… Si es que vienen una detrás de la otra…

Espero estar del todo bien pronto y, aunque me encantaría que aquí hubiera una buena clínica de reposo donde internarme y desconectarme tres días (¿a quién no?) aquí sigo, con las niñas, la casa y el trabajo porque así es la vida de “las chicas super-poderosas” ¿no? … Algo jodidilla, por cierto…

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2 comentarios a “El momento en que me quebré”

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