Colonoscopia. The good, the bad and the ugly.

Veamos, no tengo muy claro que parte es “the good”, imagino que descarten un cáncer o un nudo del tamaño de una pelota de ping pong ¡yo qué sé!

No voy a entrar en tediosos detalles (que no incluían dudas de cáncer para no ser alarmista) por los que me mandaron a hacerme una ayer. Sí, corto la linda crónica de mi viaje por Europa y antes de escribirles de las maravillas de la Toscana les hablo de una colonoscopia, ya sé ¡Qué aguafiestas!

¿Creen que la peor parte es la del encuentro del tercer tipo con la camarita? ¡Pues no! Eso es de lo mejorcito, ya que el anestesiólogo te sumerge en las tierras de Morfeo en santiamén y, si no piensas en lo que pasó entre que cerraste el ojo y lo volviste a abrir, pues tan tranquilos.

Imagino que la mejor parte es en la que el doctor te dice que todo muy bien y que estás muy linda por dentro, aunque no sepas si dar las gracias por el cumplido o sufrir un absoluto ataque de vergüenza si piensas en lo que SI ocurrió mientras dormías.

Entre lo malo y lo peor sin duda gana la de tragar litros de purgante. Es realmente tan asqueroso que después de un vaso hacía malabarismos para no vomitarme y se me venía el alma al suelo de sólo ver las dos jarras que aun me esperaban. Tuve que mezclarlo con Gatorade, ponerle hielo, taparme la nariz y aguantármela porque ¡ni modo! lo que toca, toca… Pero eso fue lo peor, si sobreviven esa primera parte lo demás es pan comido.

No necesito explicar que ocurre después de que te tragas 4 litros de purgante ¿verdad? pues eso, eso, pasa.

La colonoscopía es cosa de entrar y salir, claro que al salir te dicen “¡Ah! por cierto, vas a estar con un poco de gases”. ¿Un poco de gases? ¿de veras? ¡qué modo tan sutil de decirlo! Resulta que para que la camarita vea por donde va te llenan como un globo aerostático, ni un poquito menos, y a nadie se le ocurre estrujarte un poco o ponerte un succionador (si ya estamos dormidos que importa ¿no?) sino que te mandan a tu casita así no más.

En un principio si salieron unos “gases” que casi me mandaron contra el techo pero después nada, ahí se han quedado dando vueltas por mis tripas que pareciera que tuviera ratones por los intestinos moviéndose Y mordiendo. Como dije, no tengo muy claro que parte es “the good”…

Ahora, mientras estoy por salir de mi oficina pienso: si fuera una nana sacaría una incapacidad de tres días, si fuera un niño o un hombre (porque sí, los hombre a la larga y la corta son bien flojos para el dolor) estaría quejándome todo el día, pero como soy una madre-mujer-super-chica-poderosa estoy pendiente del trabajo, la casa (donde la nana, sin colonoscopia, tampoco vino) y las niñas. ¿Y los mordiscos de los “ratones”? sólo me queda respirar, pensar que ya se pasará y ¡suck it up! 

Bueno, me siento mejor habiéndome descargado aquí, sigo con mi día y “La Casa de Mickey Mouse” adentro. Prometido la próxima entrada no incluirá nada de gases y será muy linda sobre nuestra bella Villa en la Toscana, besos.

 

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2 comentarios a “Colonoscopia. The good, the bad and the ugly.”

  1. tiny cambiaso

    Paola, eres super joven y recién dentro de cinco años tendrás que hacerte otra.Animo que hay cosas peores.Y la Toscana es lo mejor!Recuerda eso y te olvidarás de la purga y gases.
    Abrazo Tiny

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