La caja de los Impuestos

La verdad sea dicha: El pago anual de Impuestos sobre la Renta nos cae tan bien como un piano de cola sobre la cabeza tirado desde un quinto piso.

Y, lo peor, es cuando el contable te pide en marzo las facturas de los gastos deducibles de impuestos del año anterior y ¡ni idea que has hecho con todo eso! Pues sí, recuerdas que fuiste al médico, que te hiciste exámenes, que compraste los útiles, medicinas, hiciste donaciones y pusiste mucha gasolina pero, ¿de ahí a recordar donde narices metiste todas esas facturas?…. ¡Aaaaah, colega! Esa es otra historia… Por eso decidí implementar esta idea que le copié a mi marido…

Comienzo diciendo que Darío no es la persona más organizada del mundo ¡ni crean! tampoco tanto y, como cada quien, tiene sus mañas que rozan con la sicosis, en su caso, es capaz de desquiciarse con las cosas que perdidas. Ojo, puede que no estén perdidas, sólo no estar en su lugar de siempre, puede que sólo estén a dos metros de donde solían estar, pero eso es suficiente para se le congele la capacidad de búsqueda y sólo atine a dar vueltas como gallina sin cabeza exclamando “¡No se puede haber perdido! ¡es que no se puede haber perdido! ¡dónde está el champú! o ¡dónde está mi correa!”. Ya ven, cada quien tiene lo suyo…

El caso es que, a razón de ahorrarse a si mismo un paro cardíaco ante la declaración de renta anual, él tiene arriba del armario una caja de zapatos donde va poniendo todas las facturas a medidas que las tiene. Ya dije que tampoco es el más organizado así que simplemente las va echando todas ahí independientemente de si son medicinas, gasolina o exámenes de laboratorio, las va teniendo y ¡todo la pa’ la caja!  Cuando llega marzo, mientras los demás somos los que andamos corriendo como gallina sin cabeza en busca de facturas, él tan campante baja su caja de zapatos y se la lleva al contable. Colorín, colorado…

Si a su sicosis le añadimos una de las mías, que es guardar las cajetas de zapatos que me parecen lindas (no guardo allí los zapatos, sólo me da por guardar las cajas. Ahí, vacías, el pila… En fin, cada quien con los suyo ¿no?), pues tenemos una muy buena combinación:

Una (linda) caja de zapatos que se convierte en un útil depósito de facturas de gastos deducibles donde ir echando durante el año y tenerlas juntas y a mano a la hora de preparar la declaración.

Sí, ya sé, al final no es una caja de impuestos sino de gastos deducibles pero Caja de los Impuestos suena más impactante ¿no?

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