¿Por qué hay gente que nos da tanta rabia?

Esta entrada vino a mi después de que la semana pasada tuviera un episodio donde yo, que ando toda en mi onda Zen, con gusto hubiera saltado al cuello de esta persona para arrancarle la yugular con mis propios dientes.

Dentro de mi furia, mi vocecita de coach o de la poca cordura que me quedaba, me decía: “Piensa, Paola ¿Qué es lo que te está haciendo perder las casillas de esta manera?”

Voy a resumirles la historia a lo breve-breve para que vean como llegué a mis conclusiones, que es lo importante y lo que me permitió calmarme y frenar mis ganas de agarrar a la susodicha de los pelos de la nuca y estrellarla contra la pared.

Veamos, yo tengo una actitud hacia la vida de que todo se puede, sí, vale, ya sé, hay veces que es más difícil que otras pero, todo lo que te propongas de veras, se puede.  Y si te equivocas, aprende, resuelve y avanza.

Pues bien, en el trabajo una asistente montó un trepa-que-te-sube porque tuvo que salirse de su limitado camino. Como esta es la versión ultra corta sólo les cuento que esta mujer se desgarraba las vestiduras clamando que llamar a verificar unos datos no era su trabajo.

En 23 años de ser empresaria siempre he trabajado con equipos increíbles con mi misma actitud así que, cuando me encuentro con esta mujer y su tantrum, casi me infarto ahí mismo (En verdad fue más bien casi la ahorco ahí mismo).

¿En que mundo esto es pedir demasiado?

¿Cómo podía alguien ir por la vida taaanto bajo la ley del mínimo esfuerzo? ¿Por qué estaba montando semejante escena por resolver alguito? 

Y cuando estaba a punto de ahogarme en mi propia bilis, de tanto hacerme preguntas a mi misma de repente, entendí.

Ella era así.

Simplemente no daba para más.

Y entendí que mi problema estaba en esperar de ella una capacidad y disposición que no le son natas ni le interesan, por más que a mí me parezcan que de la lógica se caen por su propio peso.

El problema era yo. La cerrada era yo.

Yo quería, esperaba, que fuera una persona que no es.

Yo me estaba agarrando una rabieta monumental por toda la distancia que hay entre quien esa persona es y hace, y lo que yo querría que fuera e hiciera.

Entonces empecé a darme cuenta de que esas “cositas” son lo que más nos hace llenarnos de rabia.

De como igualmente le ocurría a otras personas. De como son las mismas “cositas” aunque ocurran en otras situaciones lo que hace que nos desbordemos con la pareja, la familia, los socios y hasta los amigos.

Esas “cositas” que nos llenan de rabia son las expectativas.

Expectativas de que los demás se comporten como nosotros querríamos. Y las imponemos casi inconscientemente.

La próxima vez que te encuentres con una rabia que te sube y te calienta con otra persona por lo que está haciendo o dejando de hacer, piensa si lo que te está ardiendo es algo como…

“es que fulanito/a debería… -¿llamarme? ¿disculparse? ¿invitarme? ¿avisarme? ¿hacer?-… porque es lo que le corresponde ¿no?”

Pues no.

Nos metemos tanto dentro de nuestros propios cánones que sin darnos cuenta los asumimos como universales. Y pues vaya, por lo visto. No lo son.

Puede que la otra persona ni se le pase por la cabeza hacer o decir lo que esperaríamos.

Y no porque quiera que nos comamos el hígado, sino porque sus esquemas son simplemente diferentes.

Así nada más ¡PUF! se me abrieron los ojos y el dragón de mi rabia se convirtió en una lagartija de pared.

Y es que la mayoría de las rabias que nos agarramos con otras personas vienen por la diferencia entre quienes son y las expectativas que nosotros ponemos de ellas.

Te invito a bajar las armas y pensar con curiosidad:

Si esta persona no hace esto por retarme ni busca darme una úlcera ¿Qué puede estar pensando que para ella está bien?

Porque probablemente sea justo lo que está pesando. Eso, y que tú estás mal de la cabeza por la manera en que estás reaccionando.

Somos tan diferentes y, la rabia, viene de no aceptar eso. ¡Que somos diferentes!

De verás, la próxima vez ponte en los otros zapatos y aborda con curiosidad, y desde su perspectiva, qué está pensando la esa persona.

Encontrarás un modo y orden de pensar nuevo, aunque no lo compartas, pero que no está hecho para herirte o darte un ataque de rabia.

Simplemente, es diferente.

(ojo: esto no es para que te conformes con lo que no estás de acuerdo, sino para que puedas debatir tu opinión desde otro entendimiento y sobre todo, no ardiendo en rabia)

 

¿Conoces a alguien que se agarra rabias con otras personas y esto puede ayudarle a bajársela? ¡Te invito a que se lo compartas! A mí me hizo una enorme diferencia…

Aquí entre nos ¿Te dan rabietas por esto? ¡Cuéntamelo! ¡Porfa! ¡Que quiero saber que no soy la única!

Como siempre, un abrazo llenísimo de todo mi cariño, p.-

 

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17 comentarios a “¿Por qué hay gente que nos da tanta rabia?”

  1. Mary

    Definitivamente, leerte es crecer! Es aprender y ampliar la mente! Soy de las que “agarro” rabia porque alguien hace “cosas” opuestas a lo que yo haría y en serio, nunca lo había visto de la forma en que lo expones!. Todos somos diferentes y por ello aunque nos moleste tenemos una patente de corso para pensar y actuar diferente!. Duro cambiar…. pero te prometo que la próxima vez, como dices trataré de bajar las armas y pensar que tenemos el derecho a disentir, por lo que tratare de poner en práctica lo que dijo Voltaire, No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo. Un afectuoso abrazo.

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    1. Paola Schmitt Post author

      Hola Mary, pues si, la verdad que cuando nos agarramos un rabia los mas perjudicados somos nosotros así que mejor bajarla y de ahi partir a defender nuestra opinion sin que nos de una ulcera en el camino, un abrazo, p.-

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  2. Ana

    Paola,
    Está entrada ha llegado a mi justo cuando la necesitaba para reenforzar algo que estaba pasando por mi mente. Esta mañana le comentaba a mi marido que la desilusión que había sentido hacia ciertas personas cercanas se me había ido y que me sentía finalmente bien. Son las espectativas que creamos que nos llevan a sentir rabia, desilusión y otros sentimientos negativos innecesariamente. Al final nosotros somos los que salimos afectados y para qué? Gracias por compartir tu experiencia y ayudarme a reenforzar esta enseñanza tan importante.

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    1. Paola Schmitt Post author

      Hola Ana, tienes razón, los más afectados cuando nos agarramos rabia o desilusión somos nosotros mismos. que bueno que estés cerrando tu ciclo con estas personas, un abrazo, p.-

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  3. SJ

    Necesitaba leer esto! Y la próxima vez que me frustre por el razonamiento o comportamiento de otra persona lo recordaré… Gracias!

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  4. Natie

    No molestarse es a veces imposible! Solo cuando analizas pasa el tiempo o lo meditas es que puedes sacar estas conclusiones. Lo importante es madurar la idea y tener claro las diferencias. Nos evitariamos buen par de rabietas

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    1. Paola Schmitt Post author

      Hola Natie, hay veces que se nos sale de control pero hay que intentar ahorrarnos las rabietas que el unico hígado que se va ahi es el nuestro! un abrazo, p.-

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  5. Graciela Mojica Garcia de Paredes

    con mucha paciencia y mucha inteligencia emocional aprendi: que lo obvio no es tan obvio y que nadie cambia a nadie………..abrazos…………

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  6. Maricruz

    Muy acertado tu articulo….gastamos mucho tiempo creando expectativa de personas y situaciones que no se darán!!!

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    1. Paola Schmitt Post author

      Hola Maricruz, así es, hay veces que intentamos meter un cuadrado en un circulo y nos desgastamos porque no le entran las puntas mas que en ver que son diferentes, un abrazo, p.-

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  7. Thattiana

    Ohhhhh ya entiendo todo, de hecho creo que siempre lo he entendido…pero no lo tengo presente…Las benditas expectativas, hay que acabar con ellas xD

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  8. Thattiana

    Ohhhhhhh ya entiendo todoo! De hecho, creo que siempre lo he entendido, pero no lo tengo presente. Expectativas, exprectativas, benditas expectativas, acabemos con ellas

    Responder

    1. Paola Schmitt Post author

      Hola Thattiana, pues si, la mitad de las rabias que nos agarramos nos las ahorraríamos si viéramos que realmente peleamos con nuestras propias expectativas, un abrazo, p.-

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