2012. Semana Santa en Buenaventura

El miércoles dejamos atrás la ciudad con los guayacanes amarillos en flor y, bajo un cielo encapotado, tomamos rumbo a pasar la semana mayor en Buenaventura.

Fue llegar y suspirar de resignación ante la visión del patio, con la construcción de la pérgola (que quedó corta y tienen que reparar) y de la piscina (que va camino a quedar de extraña distribución pero ya no se puede hacer nada), parecía las ruinas de un bombardeo incesante. Espero que en un mes haya otro panorama…. 

El jueves el día fue soleado pero, como no quería que Mar se metiera a la piscina (anda medio resfriada, boleto ineludible de la vuelta a la escuelita) estuvo mañana y tarde en el Kids Club. Le encanta ir ahí y a las chicas que trabajan allá les encanta recibirla porque es un solecito que con dibujos y lápices de colores puede pasar horas coloreando, contenta y tranquila. En la tarde fueron al parque a gozarse al Tito, ya le tienen full confianza y les encanta pasar tiempo con él y jugar a cuanta historia mi padre inventa. 

El Viernes Santo comenzó bastante accidentado. Temprano, Adrián, jugando en la piscina y tirándose de espaldas (vaya uno a saber de quién fue la idea…) perdió equilibrio y dejó un trozo de barbilla con el filo de la piscina. Decidimos mandar a los niños al Kids Club y ¡ZAS! No sé en que maroma andaría Mar que se estrelló contra la pared a toda velocidad haciéndose un chichón colosal. Todo quedó en heridas menores pero los sustos sí fueron mayores.

En la tarde, con los dos niños bien chuecos pero contentos (infancia, divino tesoro) y Ana, fuimos a la iglesia para introducir un poco a los peques a lo que es la Semana Santa. Obviamente estaba vacía lo cual fue mejor, así, mientras Ana gateaba a su gusto, con Mar y Adrián hicimos un pequeño ritual de encenderle una vela a Jesús y rezarle una oración de rodillas. La verdad ellos estaban más interesados en saber en que momento podían soplar la vela que rezar un Padre Nuestro pero por algo se empieza. 

El sábado tuvimos visita de la tía Peggy  (que Mar adora) y su +1 (hasta que definamos bien su título). Fuimos a la piscina de Los Portales, que nunca la había visto tan llena, y llegaron los Barría y mi padre también, vamos, que muy valiente el “chico invitado” de pasar semejante día familiar con toda la tropa, que incluyó dos niños brincándoles encima para rematarlo añadiendo un bebe a la hora del almuerzo.

Me encantó que es la primera vez que Mar disfruta tanto la piscina, tres horas nadando, jugando, buceando juguetitos, tirándose una y otra vez… ¡Lo pasó de película!

Con tanto niño y tanto batallón Schmitt, los invitados, con justa razón, salieron al vuelo a media tarde (jeje) mientras, los demás, fuimos a la playa. 

No tenía muy claro como iba a tomarse eso de la arena

Pero resultó adorar jugar con arena y agua (incluyendo comérsela y beber agua salada, aunque eso último no tanto) y, sobretodo, con la hermana con quien ya interactúa y juegan juntas.

Y el domingo de Pascua llegó. Quisimos que fuera especial para Mar, para que sea una fecha importante y de jubilo como Navidad y como la fecha que es. Una vez Ana fue a dormir su siesta matutina partimos a la actividad que organizó el Kids Club. Así bajo el corotú pasamos una mañana de actividades típicas de Pascua 

Los conejos fueron su delicia y esa cara de felicidad no tenía precio 

De todas maneras Mar dice que lo que más le gustó fue buscar los huevitos de Pascua.

Aquí debo decir lo decepcionada que me sentí cuando veía a papas y nanas cogiendo más huevos de los que podían cargar y niños que iban con sus canastas vacías y cara de desilusión mientras esos adultos les pasaban por delante indiferentes. ¿Qué le enseñan a sus hijos?: “agarra todo lo que puedas, como puedas, y que no te importe con los demás”.  Debo anotar que me sentí muy orgullosa de mi hija que, cuando vio que su nueva amiguita Emma no había podido encontrar ninguno, sin que nadie le dijera nada, sacó uno de los huevos de su canasta y lo puso en la de ella.

Pasamos una mañana divina haciendo manualidades y compartiendo nuestra hija, además, por primera vez, Mar aguantó la misa completa comportándose como una princesa.

Después llegamos a casa, con Ana, para terminar de pasar Pascua y regresar en la noche a la ciudad.

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