2012. La semana de vacaciones

Ahí cada tres meses la escuela manda a los chicos una semana de vacaciones, lo que se traduce en vacaciones para los niños y ¡doble trabajo para todos los demás!

Uno trata de todo para hacerles planes. El teléfono de las mamás de las amigas termina estando en “favoritos” en el celular. Cada día es un reto para inventarles actividades. Cuando termina la semana y los volvemos a meter en el bus escolar respiramos aliviadas ¡sobrevivimos!

Yo creo que intenté todo lo posible. Llevarla a la oficina (con amigo incluida), juegos en casa, juegos en casa de los amigos, salida con el primo, tarde de cheeseweez (un invento mío en el que pongo una paquete grande de cheeseweez y juguitos e invito a varios amigos Mar, que viven cerca, a que vengan a jugar al área social del edificio), hasta que finalmente salimos a media semana para El Valle.

El plan de la oficina a las niñas les pareció fabuloso, a mí se me fue toda la mañana básicamente para firmar cuatro cheques… 

Finalmente el jueves llegamos a El Valle, donde los niños la pasan genial. Mar y Adrián estuvieron de romance (entiéndase no se sacaron los ojos ni se pelearon 24/7), ya están más grandes e inventan juegos y negocian entre ellos en vez pelear. Igual estaban correteando por ahí que aguantando la lluvia tranquilos viendo en la tele a Silvestre y Piolín ¡Aleluya!

La que está A-G-O-T-A-D-O-R-A es Ana. Solo quiere caminar, caminar y caminar, pero aun no sabe hacerlo sola así que pide mano todo el rato. Luego se cansa y quiere brazo, pero a los quince segundos quiere piso de nuevo, pero no que la sientes sino que la camines, y se vuelve a cansar. Te descuidas y gatea escaleras abajo de cabeza. Tengo que decir a su favor que está deliciosa y super risueña la mayor parte del tiempo, comérsela a besos es un placer, pero… ¡me deja hecha polvo!

Menos mal que con la casita se entretiene montones… 

Además de: montar a caballo, ir al mercado, saltar en el brinca-brinca, jugar con cañas hechas de bambú, montar bicicleta, ver tele, inventar bailes y canciones, visitar la iglesia, ir al río, visitar a la avestruz Paquita (no se llama así pero ellos eso creen) en el zoológico y montar todavía más a caballo. Tuvimos tandas de peluquería.

A Mar, cuando le peinaba sus dos trenzas el jueves, le vi… ¡Liendres!  ¡Tururú que yo iba a pasar por la guerra sin cuartel de meses como el año pasado! Más pronto que tarde le vendí a Mar y a Adrián el plan de ponerles un tratamiento que les iba a dejar el pelo “brillante, suavecito y delicioso”. De lo más entusiasmados se sentaron frente a la televisión mientras les embadurnaba el pelo con el aceite de coco y les pasaba la peinilla ultrafina. A Mar le salieron unos pocos  puntitos negros que parecían granitos de arena pero, estando tan lejos de la playa, me parecieron sospechosos. Lo de Adrián he de reconocer que cayó en eso de “justos por pecadores” pero estaba fascinado con su tratamiento así que todos contentos. A Mar le volví a pasar la peinilla varias veces los siguientes días (sin necesidad de aceitarla de nuevo) y ya nada de nada, y no se ha vuelto a rascar la cabeza.  Si es que “el tratamiento” es remedio de Santo. Aquí les paso el dato de nuevo.

REMEDIO NATURAL Y EFICAZ CONTRA LOS PIOJOS: Comprar una botella pequeña de aceite de coco y exprimirles unoS 5 limones pequeños. Si son jugosos CON dos o tres son suficientes. Todo junto se le aplica al niño en la cabeza con una brocha hasta que esté bien untado, en especial por las raíces. Se le da masaje por el cuero cabelludo unos cinco a diez minutos. Se le pasa la peinilla ultrafina (viene con el champú champiojo y es lo único que vale la pena de ese champú) y ahí sale pegado cuanto piojo pueda existir sin importar el tamaño. Se le deja el pelo con el aceite unos 15 minutos más (eso ahoga las liendres) y se le lava el cabello. Si tiene muchos piojos repetirlo a los dos días si no sólo repetirlo a los diez días.

Respecto a Ana, como no se deja poner ganchitos y se los arranca hasta que con rabia, recurrí a la solución más práctica: tijera con el pelo. Le corté el flequillo bien corto para que no lleve el cabello sudado sobre la frente e igual le bajé un poco el resto del pelo. Entre lo que se movía y lo mala que era la tijera he de reconocer que se salvó el asunto porque tiene el pelo rizadito y no se nota mucho lo burdo de la trasquilada. A mí ver… ¡quedó bella!

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